Mientras el gobernador de La Guaira advierte que no habrá actividad turística en el corto plazo, comerciantes y trabajadoras de las playas intentan mantener sus negocios con ahorros, ventas mínimas y nuevas formas de llegar a sus clientes Fotos: María de los Ángeles Graterol En La Guaira, las playas están cerradas, los negocios destruidos o a medio funcionar y los turistas que durante los fines de semana bajaban desde Caracas prácticamente desaparecieron. Para quienes vivían de vender pescado, alquilar toldos, atender kioscos, ofrecer comida o prestar servicios en la costa, el desastre no terminó cuando dejaron de moverse las placas. Ahora toca sobrevivir sin clientes. «Antes por aquí podían pasar de repente 200 personas. Y ahorita a lo mejor el fin de semana pasan 20». Encarnación, dueña de una licorería en La Guaira, no necesita demasiadas cuentas para explicar lo que ocurrió con su negocio después de los terremotos del 24 de junio. El turismo desapareció y con él también buena parte de sus clientes. Ahora, quienes se detienen frente a su negocio son, principalmente, las personas que llegan al estado para llevar agua, comida y otros insumos a los damnificados. A veces esos mismos colaboradores se sientan frente al mar para descansar. Miran la playa, caminan por la orilla y, antes de seguir en sus labores, compran una cerveza. Pero hasta eso lo hacen casi a escondidas. «¿Me venden una cerveza? , preguntan. Como si fuera un pecado. Y yo les digo: Sí, claro, no hay problema (…) En una bolsa negra, no queremos que nadie nos vea», le dicen. Igual pasa «si a una persona se le ocurre meter un pie en el agua porque está estresada. Todo lo satanizan. Y eso no puede ser», contó. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, ha sido tajante respecto al uso de las playas. «Está restringido el uso de los balnearios (…) Esto se hace obedeciendo a la razón. Un estado que está devastado en la zona de Macuto, donde murió tanta gente, donde están tantos edificios con tantos esc
Fuente: Tal Cual — Ver nota original