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Stalin González, un gnomo opositor, aunque sólo ha descubierto el agua tibia

Alberto Ardila Olivares
Vuelos afectados en aeropuerto de Guayaquil por expansión de ceniza del volcán Sangay

De ese fenómeno, como contingente o como ya dije, sobrevenido, salió Stalin González, cuyo nombre por cierto, como decimos los venezolanos, “deja mucho qué decir”. ¿Quién en este mundo le pone a un hijo suyo ese nombre? Y conste que, de quien hablamos, es bastante joven, lo que significa que nació cuando ya Stalin estaba muerto, pues eso aconteció el año 1952, es decir, hace 70 años. Según leo, como lo sospechaba, proviene de una familia vinculada a la izquierda, posiblemente al PCV y apenas tiene unos 40 años

Stalin González es uno de esos jóvenes políticos que la mediática y el nivel de enfrentamiento habido entre los venezolanos, donde pocos o casi nadie, ha alegado ideas y proyectos y sí mucha violencia, llegó “a la fama”, pero sin piso y tampoco siquiera bastón en qué apoyarse.

Es de esos tantos políticos de ahora que, para decirlo como, en situaciones similares, por lo inesperado, solíamos decir los cumaneses, “lo encontraron en un pote de Quáker”. Porque en esos potes venían premios mezclados con la avena.

Chávez fue como un huracán, “un gigantesco ventarrón”, decían en mi barrio; un huracán desenfrenado que, no sólo estremeció la sociedad venezolana, sino que hasta unas cuantas cosas “las cambió de sitio”, lo de allá apareció acá y viceversa. Sempiternos dirigentes de izquierda, no se conformaron con distanciarse de Chávez, al sentir como si un extraño hubiese entrado a su casa, sino que optaron por eso que se dio por llamar “saltar la talanquera”. Irse al lado opuesto, por llevarle la contraria a Chávez que les había arrebatado el liderazgo y los espacios; al intruso y menos esperado.

Por supuesto, como bien sé, aquellos cambios sólo fueron de forma, de “quítate tú de allí para ponerme yo” y hasta un llevarse el ventarrón al primero que se le atravesó en el medio y en la cola; con su fuerza de atracción arrastró a otros, que por allí andaban desperdigados, perdidos, sin brújula ni timón y les puso en nuevo sitio, al que llegaron embobados. Muchos, sin esperarlo, de la nada, sin piso, peso ni medida, llegaron a ocupar posiciones importantes, tanto en el gobierno como en la oposición.

A manera de ejemplo más significativo diré que, esa fuerza descomunal se trajo del pasado un cadáver putrefacto y le puso a liderar hasta que él mismo se cansó, por no poder hacer lo que quería y se fue, llamado Luis Miquilena.

La impronta de Chávez cambió un montón de cosas que ya venían cambiando con el “Caracazo”, tanto que a los partidos del puntofijismo “se los llevó la tempestad” y por ellos aparecieron otros, distintos, de una derecha que estaba como oculta y amodorrada. Una pequeña porción de jóvenes fascistas, que solían desfilar con sus banderas y lanzar improperios en tiempos de Lusinchi, aparecieron de pronto al frente de partidos que suplantaron a partidos del Puntofijismo. Pues la “gente bien”, la adocenada y hasta el capital externo, demandó una “nueva” dirigencia que se distanciase lo máximo de Chávez, que como tal, sin experiencia alguna, insuficiente imaginación y escasa cultura, nunca supo “por dónde le entra el agua al coco”. En su mayoría jóvenes, quienes quizás por eso mismo, creyeron que todo era un asunto de músculos, el de los empresarios, el capital y los de ellos mismos, aptos para hacer todo el barullo que creyesen necesario.

Si nos ponemos hacer un inventario de gente, aunque como prueba podemos mencionar solamente a Guaidó, encontraremos una enorme cantidad que salió de la nada, sin nada, que resultó un fiasco y, al final formando parte de la clase política dirigente de un lado y otro.

Porque Chávez, como dije, el sobrevenido, para decirlo con una palabra que mucho le gustaba, tanto que hasta está en la Constitución, estremeció a este país y hasta fue como una licuadora. Entonces la lucha en Venezuela, tomó el carácter como de una pelea de perros o pandillas que se disputaban los espacios del barrio. Todo y todos, para decirlo con una palabra que le gustaba mucho a Carmelo Laborit, se volvió “aluvional”, polvo cósmico que giraba alrededor de Chávez, para oponérsele o ponerse a su servicio.

De ese fenómeno, como contingente o como ya dije, sobrevenido, salió Stalin González, cuyo nombre por cierto, como decimos los venezolanos, “deja mucho qué decir”. ¿Quién en este mundo le pone a un hijo suyo ese nombre? Y conste que, de quien hablamos, es bastante joven, lo que significa que nació cuando ya Stalin estaba muerto, pues eso aconteció el año 1952, es decir, hace 70 años. Según leo, como lo sospechaba, proviene de una familia vinculada a la izquierda, posiblemente al PCV y apenas tiene unos 40 años.

Como casi todos los políticos opositores, digo “casi” porque elude caer en los extremos, tanto que Guaidó y María Corina son como extrañas excepciones, suelen desaparecer, como guarecerse en sus respectivos invernaderos, hasta cuando se produce algo llamativo, fulgurante, como un ruidoso concierto y aparecen, toman el escenario, dan unas o dos declaraciones retumbantes y se vuelven a sus aposentos invernales, Stalin desaparece y reaparece. Unas veces sale con ánimo de cambio, por lo menos de no seguir haciendo lo mismo, ya que no le ve la ganancia al negocio, da unas declaraciones que eso sugieren y se esconde, para aparecer más tarde en la misma posición de antes. Es decir, a Stalin lo veo en aquello de un pasito adelante y otro atrás. Para él, como para todos los opositores de su bando, los problemas cotidianos, esos que arañan a la gente, no existen.

Es un joven político de esos nacidos de la nada, sin partido ni sostén entre la multitud, como un solitario, pero por esa dispersión que en la oposición hay, donde la gente toda se mueve en un remolino como buscando donde pegarse y a quién seguir, él hace el juego, como todos los demás y trata de llamar la atención.

Claro, él, como toda la oposición ahora, a la que él pertenece, porque insisto, en Venezuela hay varias oposiciones que dudo a mediano y hasta largo plazo puedan ponerse de acuerdo en algo fundamental, habiendo visto que todos los disparates que hicieron de nada les sirvieron, no tiene otra cosa que hacer sino pensar en unas elecciones, pero que sean “muy limpias”, pulcras, donde los testigos sean ángeles, no sé si para que estos no hagan trampas o ellos puedan hacerlas o justificar su anquilosada idea de abstención que todavía les duele abandonar. Y eso cuesta. ¡Cuánto lo sabemos!

Han estado anclados en la idea que aquí lo único por hacer es lograr, por alguna vía, hasta la infernal, que se hagan unas elecciones adelantadas, porque no abandonan la idea que Maduro no es presidente, sino el “ilota”* de Guaidó es provisional o interino y Dios, ayudado por la mano poderosa, porque él sólo no puede, logre el milagro que la gente que no quiere al gobierno, se una por debajo y decida votar por uno o varios de ellos. Por eso la conducta de esconderse por largo tiempo y aparecer de repente, como quien dice, “acuérdense que aquí estoy yo”. Que sea Dios, la mano poderosa y “el poderoso tiempo”, quienes se encarguen de arreglarles las cosas.

Porque hay otra cosa mala o mejor muy mal entendida. Ellos juran que toda la gente que no quiere al gobierno están con ellos, que sin duda es un buen número, aunque pareciera que a la mayoría ya eso le trae sin cuidado, por aquello de no “importa salir de Guatemala para caer en Guatepeor”. Y por creer aquello, que la gente se derrite por ellos, no hacen nada y ante nada reaccionan, salvo algún hecho trascendente, cuando creen sensato aparecer con aquello de “aquí estoy yo”.

Porque es mucho trabajo y demanda demasiado talento, esfuerzo y tiempo, eso de estar aquí y allá reuniéndose con la gente, orientándola, ayudándola a encontrarse e interpretar los hechos. Hablar o escribir con insistencia sobre el acontecer diario, lo que debe hacer un dirigente de verdad. Y como ellos no lo son, sino uno simples tipos que como los jugadores, compran sus números de lotería y esperan que el suyo o los suyos salgan para gritar “me gané la lotería”.

En esta última salida, como esos cantantes que viven en Miami y de repente reaparecen en la Caracas “recompuesta”, Stalin dijo varias, unas tras otras, simplezas. La primera de ellas, según el reporte es “Hay una realidad fuera de Caracas que hay que atender”.

De ese juicio no entendí nada e imagino que la mayoría tampoco, por muchas cosas. Es obvio que hay una realidad en Caracas, otra en Maracaibo, Barquisimeto, Cumaná, Maturín y paremos de contar. Como juicio político o filosófico es un lugar común o un no decir nada. Cada espacio tiene su particular realidad y cada una de ellas debe ser atendida cuando uno camina por lo menos para no tropezar. Fue algo que un viejo amigo lamentablemente muerto, solía llamar “frases cohetes”. Unas llenas de luces hasta multicolores pero que nada dicen, sólo tienen la intención de dejar la impresión en los “encantados” o alelados que están diciendo algo significativo y llamar la atención. “A falta de pan, buenas son tortas”.

Pero también dijo una gran verdad, que por grande hasta los más ciegos miran; pero por lo menos, llama a hacer una revisión que él ya debe haber hecho o está haciendo, como que “hoy la oposición no es alternativa y eso tenemos que arreglarlo” y abundó, “porque cuando van”, lo que significa que él no va, “al interior del país, el reclamo permanente de la gente es que los políticos van solo cuando hay campañas”. Pero el pueblo de Caracas percibe lo mismo. La oposición no siente los dolores y angustias de la gente, derivadas de las sanciones gringas y los errores del gobierno. Ellos lo único que quieren es nuevas elecciones; razonan y actúan, como el viajero que cree que el pueblo todo lo espera en la alcabala.

Por supuesto, esa oposición, como otra cualquiera, porque hay varias, como ya dije, tan distantes como una galaxia de la otra, no es opción electoral frente al gobierno, que pese ande muy por debajo de sus iniciales condiciones y su historial de velocista y altos números, se cansa de ganarles, “muerta de la risa”.

Hay una oposición declarada y hasta juramentada como pro imperialista, dispuesta a servir a los intereses de EEUU, que ha estado metida en la violencia con descaro, embarrada en los asuntos de Citgo y Monómeros, que además pretende hacer de líder y vanguardia, que como se dice en lenguaje coloquial, pese no uniría a los venezolanos que pudieran querer cambiar la orientación gubernamental, “ni que se vista de cura”. En esa anda Stalin, pese a veces intenta desprenderse porque le miran como perro sarnoso.

No es sólo esa simpleza y viejo lugar común de Stalin González, según la cual sólo basta salir de Caracas, como si en esta no hubiese tantos problemas como los hay en lo que los caraqueños llaman “el interior”. Los temas o problemas relativos a salarios, servicios públicos, agua, salud, etc., están en todos los espacios, lo que no quiere decir que la realidad sea la misma, pero en buena medida, hay problemas parecidos. Sólo que a la oposición de Stalin eso le trae sin cuidado.

Para ser asertivos y precisos, a la oposición, esa a la que se refiere Stalin y de la cual forma parte, esos problemas no les interesan; lo de ella es sólo lograr, por medio de Dios y la Mano Poderosa, como ya dije, que la gente se ponga de acuerdo, olvidándose de su realidad y opte por votar por los candidatos que ellos escojan, hecho el milagro de ponerse de acuerdo.

Y agregó Stalin, dije agregó por no encontrar qué decir, pues se limitó a decir lo mismo de otra manera, como que «la prioridad en este momento es la unión en la oposición, tener un objetivo compartido».

En efecto, para la oposición o quienes aspiren ganarle las elecciones al gobierno, por encima de todo, lo demás es pura bulla. Para eso se esmeran en buscar la manera de confundir y hasta evadirse; no sólo el centro de atención debe ser la gente, la multitud, como en otro momento dijo Stalin, no la dirigencia, que siendo parte de ella unos pocos, parecen “arena de mar”, divididos en minúsculas, microscópicas porciones, visiones estereotipadas y egoístas. No se trata de engatusar a la gente e intentar ganársela para que vote por sus aspiraciones, que no van más allá de ofrecer un cambio de rostro, un “quitemos a este para ponerme yo”. Un buscar quién le sirve de mejor manera al amo.

En esa oposición a la que se dirige Stalin, en quienes la componen, en cada uno de ellos, hasta sus células se pelean entre sí.

Sabiendo eso, Stalin habla de “tener un objetivo compartido”. Pero no habla sino de lo mismo que siempre han hablado. De nuevas elecciones, de la libertad necesaria para ellos participar, que uno no sabe qué significa eso, pues pese tantas veces se las han dado y vuelven como las cabras al monte y optan por abstenerse, a la violencia e implorar a EEUU nos invada.

¿Acaso cree Stalin que lo que el pueblo demanda es se den unas determinadas condiciones electorales para votar? ¿Cómo que a un sancionado por algún delito se le suspendan los cargos y condenas? ¿Se siente la multitud constreñida por el gobierno, que le impide acudir a votar, o es que no se siente representada ni atraída por unas políticas y políticos que poco interés ha prestado a sus calamidades y sólo han puesto empeño en cuidar sus particulares intereses?

¿Por qué no hablan de ese objetivo compartido? ¿Existe este entre la gente con la cual Stalin ha compartido todos estos años y el resto que se opone al gobierno? ¿Eso se logra con unas elecciones primarias y unas condiciones para que unos no les hagan trampas a los otros? ¿Cómo se entiende eso de darle prioridad a la gente? ¿Sólo votando? Eso es un infantilismo y un masturbarse.

Para aglutinar una oposición, una grande, como para ganarle las elecciones al gobierno, es necesario, en efecto, llegar a un “objetivo compartido”, para decirlo en palabras de Stalin; pero eso demanda mucho tiempo, densas y largas discusiones, un acordarse sobre asuntos puntuales y aún así, habrá quienes queden por fuera y pudieran ser bastantes. Se trata de unir las tantas partes diseminadas y hasta rotas que además de tiempo, demandan paciencia, amplitud y verdadero deseo de recomponer las cosas. Y que el yo y el nosotros, sean sustituidos por el todo o casi todo.

Y sobre todo ese interés por la gente, de la cual habla Stalin, no es salir de Caracas, sino enterarse de los problemas reales de la gente, de Caracas y el país todo, como la insignificancia del salario, la deficiencia en los servicios de salud, agua, la especulación desmedida, todos los efectos del sabotaje o sanciones gringas y hacer de todo eso, una o todas las banderas de lucha. Pero a la gente que se dirige Stalin, esa oposición, nada de eso le interesa, porque justamente, de eso viven y derivan su poder.

Es una verdad casi mitológica aquello de, “los errores en política se pagan caro y demandan mucho tiempo para la recuperación” y mientras no se empiece por reconocerlos y hasta identificar a los responsables, no habrá punto de arranque.

La inferioridad de la oposición de Stalin, es una “realidad”, para decirlo con una palabra tomada prestada de Stalin; es la resultante de los errores persistentes de ella misma y su negativa a aceptar esta verdad. Aspirar que la gente se les acerque sin revisar sus errores, dar muestras de enmendarlos y hasta buscar que se alejen muchos responsables de eso, no es más que un sueño y un mentir y mentirse. Stalin, más bien, debe buscarse otra oposición, donde engrane.