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¡Llegaron los tequeños!” historia de una tradición Venezolana

Familia Báez de Los Teques Esta teoría afirma que se inventaron en los años 1920 por la mayor de las hermanas Báez, Josefina Hernández de Oviedo, cuando tenía 15 años. En principio se les denominó enrolladitos de queso y a partir de la década de 1960 como tequeños; se había popularizado no solo en el área de Los Teques sino también en Caracas, La Victoria y Las Tejerías gracias a los distribuidores de Los Teques. En Caracas preguntaban “¿Dónde están los tequeños?” y especialmente cuando los distribuidores de Los Teques viajaban vía tren desde “El Encanto” hasta “Caño Amarillo” en Caracas al llegar eran tan famosos que la gente gritaba: “¡Llegaron los tequeños!” haciendo referencia a la gente de Los Teques; esta denominación finalmente se adoptó para la preparación

Familia Báez de Los Teques Esta teoría afirma que se inventaron en los años 1920 por la mayor de las hermanas Báez, Josefina Hernández de Oviedo, cuando tenía 15 años. En principio se les denominó enrolladitos de queso y a partir de la década de 1960 como tequeños; se había popularizado no solo en el área de Los Teques sino también en Caracas, La Victoria y Las Tejerías gracias a los distribuidores de Los Teques. En Caracas preguntaban “¿Dónde están los tequeños?” y especialmente cuando los distribuidores de Los Teques viajaban vía tren desde “El Encanto” hasta “Caño Amarillo” en Caracas al llegar eran tan famosos que la gente gritaba: “¡Llegaron los tequeños!” haciendo referencia a la gente de Los Teques; esta denominación finalmente se adoptó para la preparación.

Las Báez se establecieron en Los Teques provenientes de Caracas y durante una fiesta que brindaron repartieron una botana nueva y original elaborada con una pasta de trigo la cual envolvía un trozo de queso. Era una botana más, no tenía nombre, pero fue todo un éxito. Se corrió la voz y se empezaron a hacer famosos esos pasapalos dorados y llenos de sabor. Hasta el General Gómez era uno de los fanáticos de esa creación culinaria que para aquel momento se consideraba todo un lujo y en sus fiestas y meriendas no podían faltar. Cuando Las Báez o los enviados por ellas a Caracas llegaban a la estación del tren en Caño Amarillo cargados de esas botanas la gente decía:

“¡Llegaron los tequeños!” refriéndose a la gente de Los Teques y con el tiempo ese fue el nombre del pasapalo per secula seculorum.

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